Sociedad
Tiene 97 años y fundó un grupo de personas longevas para compartir vivencias y resignificar la vejez: así nació “Noventa y contando”
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El grupo de nonagenarios y nonagenarias que se reúne quincenalmente es un éxito en las redes y tiene su propio podcast
“Hola, mi nombre es Alberto, soy un médico de 97 años y estoy intentando formar un grupo de siete u ocho personas de más de 90 años para intercambiar la experiencia de por qué y cómo hemos llegado a una edad tan avanzada. Seguramente hablaremos de la relación con la familia, con la sociedad, el descanso, la comida y cualquier otra cosa que nos resulte interesante y útil. Yo dejo abajo mi correo y por favor los que tengan interés escríbanme y ampliaré esta información”.
Parado frente a cámara, con una remera a rayas, un pantalón beige y un mensaje concreto, Alberto Chab se lanzaba al ciberespacio con la ayuda de una de sus nietas, Zoe, que a mediados de 2024, cuando lo ayudó a filmar y publicar el video en TikTok tenía 17 años.
La idea había surgido en una cena familiar cuando Alberto, psicoanalista, le comentó que tenía ganas de conocer personas de su edad, no para hacer terapia sino para compartir experiencias pasadas y presentes que no puede compartir con los jóvenes.
—Para charlar de común acuerdo, interviniendo yo también con mis cosas, lo que en una sesión de terapia el terapeuta no puede hacer porque solo escucha y después, eventualmente, interpreta —aclara del otro lado del teléfono y pide que lo tutee “así no me siento viejo”.
“Quiero reunirme con gente para intercambiar cosas que ustedes, los jóvenes, no conocen” —le dijo a su nieta—. “Si yo les hablara del colchonero no saben lo que es, o si les hablo del deshollinador o del lechero que venía con la vaca y te servía la leche en el momento, ordeñándola. Son cosas muy emocionantes de nuestra infancia que las tenemos muy presentes pero no tenemos con quién comentarlas. Quisiera hablar de eso, de los juegos infantiles, de lo que hacemos en un día desde que nos levantamos hasta que nos acostamos”.
—Le conté esto y ella me dijo: “Bueno, yo te hago un videito y conseguís la gente”.
Cuando su nieta publicó el video, lo que sucedió desconcertó a Alberto.
—Me llegaron alrededor de 1.500 correos y miles, decenas de miles, de respuestas.
Desde mensajes de felicitación de personas de todas las edades y todos los puntos del país, hasta pedidos de que creara un grupo virtual para que pudieran participar en otras ciudades, en otras provincias.
—Un tsunami que yo no entendí y sigo, aún hoy mismo, sin entender. Una repercusión tremenda. Evidentemente debo haber puesto el dedo en la llaga en algo que estaba faltando y que nadie hacía: ocuparse de los gerontes.
A menos de un año de ese momento, de ese video, el grupo tiene nombre, tiene integrantes, tiene Whatsapp, tiene sitio y periodicidad de reuniones, tiene redes sociales donde son un hit y tiene, incluso, su propio podcast.

Noventa y contando
Guadalupe Camurati tiene 26 años, es diseñadora gráfica “pero también productora, notera, periodista, depende el día”, y creadora de contenido digital. Cuando vio el video de TikTok de Alberto trabajaba para el portal de noticias de Luzu TV y, como tantos periodistas, quiso hacerle una nota a él y a los que formaran parte del grupo que quería crear. Quiso ir a una reunión, conocer a los integrantes y ser testigo de esa experiencia desde el inicio.
—Me contacté con Alberto en el momento que salió el video que subió su nieta, Zoe, que se hizo viral en TikTok, de la misma forma que se contactaron millones, un montón de periodistas y canales. En su momento una persona lo había ayudado y le puso una respuesta automática en el mail y me respondió con eso. No me di por vencida, esperé a que bajara un poco la ola y lo volví a contactar. Pasó un tiempo y me respondió él con su número de teléfono.
El grupo se había conformado y Guadalupe le pidió a Alberto asistir a la primera reunión, él le dijo que sí y le pidió si podía conseguirle una cámara que la registrara. Ella se encargó.
—Conseguí una filmmaker que fuera gratuitamente a grabar la primera reunión y me quedé yo también. Salí muy sensibilizada por todo lo que había escuchado. Todos los integrantes se estaban conociendo, fue muy fuerte para mí y para ellos. Y cuando terminó Alberto planteó que él quería difundir el proyecto, digitalizarlo, expandirlo para que se hiciera conocido y se replicara. A mí se me ocurrió digitalizarlo a través de un podcast y filmarlos, me pareció la manera más fácil en la que ellos podían acostumbrarse a la idea de las cámaras y las preguntas, y sacar clips de ahí para redirigir. Nadie había hecho un podcast de personas de 90 años, así que pensé que era una manera gratuita y fácil de difundirlo.
A partir de ese momento Guadalupe comenzó a ir a todas las reuniones, que son quincenales, a conocer a los integrantes del grupo. Y, un par de meses después, los empezó a grabar según los ejes y temas que veía que a cada uno le interesaba de acuerdo a las cosas que decía o planteaba en las reuniones, que siempre giran alrededor de una premisa, una consigna brindada por Alberto que oficia de coordinador.
Ella explica que el formato grupal era imposible para un podcast entonces, como son diez miembros y Alberto que modera, propuso que cada uno tuviera un episodio acompañado por él. Finalmente produjo 13 “porque hicimos alguno que otro más experimental”, y los subió a Spotify. “Cuando lanzamos el podcast estuvimos entre los más escuchados de cuatro países, como México y Chile”, cuenta.
Afinando esa idea, subiendo recortes de esos videos y contenidos a la cuenta de Instagram que ella creó, a la que nombró “Noventa y contando” y en la que ya tiene más de doscientos mil seguidores, trabajado completamente ad honorem —a pulmón, reenganchadas— junto a tres editoras de video para alimentar la plataforma, se volvió la host de la digitalización del grupo que creó Alberto y que, a partir de este año es alojado por una productora mayor para que ellas puedan poner en valor su trabajo y hacer que siga funcionando.
Además de convertirse en un proyecto laboral Guadalupe dice que fue adoptada por ellos como nieta postiza: “Yo no crecí con mucha referencia de abuelos ni con el amor de adultos mayores, lo fui generando, honestamente, con ellos, el año pasado, así que para mí fue muy transformador”.
Decidió llamar al proyecto digital “Noventa y contando” por la idea inicial de Alberto: “noventa y contando experiencias”, explica, “pero también noventa y contando años, porque siguen sumando años, entonces se trata de mostrar que se puede llegar a los noventa con esta vitalidad, que no todo el mundo está encorvado, empotrado en la cama sin poderse mover a esa edad, hay gente que está muy bien y muy activa. Es cambiar un poco el concepto de la vejez, el concepto de todo este universo”.

Un casting difícil
Desde que se formó hasta hoy, el grupo de personas que vivieron el último siglo casi completo lleva unas 14 reuniones que solo interrumpieron por vacaciones. Las primeras las hicieron en un coworking de Vicente López, “una oficina enorme a todo lujo, donde nos servían café, tenían grabación, todo”, describe Alberto, pero luego, para facilidad de la mayoría de los integrantes que viven Capital, lo comenzaron a hacer en el SUM del edificio de Alberto.
Lo integran cinco varones, cinco mujeres y Alberto como coordinador. “Coordinador, no terapeuta”, enfatiza. Todos tienen más de 90 años, todos son jubilados, aunque algunos, como Alberto, siguen ejerciendo su profesión. Entre ellos hay un farmacéutico, un médico, un joyero, una profesora de inglés, amas de casa. Todos tienen hijos, nietos, “y algunos, para envidia mía, bisnietos”, dice Alberto. Para elegir a los miembros él y su pareja, Mari, dispusieron varios filtros porque la tarea era ardua.
—La elección fue muy difícil, no porque no hubiera gente sino todo lo contrario, porque fue tal la cantidad de personas que quería ingresar a un grupo como este, que se ve que nunca existió en ningún lado, que había muchas propuestas, inclusive del interior, gente que me pidió hacerlo por las redes, pero yo decidí que por ahora solamente iba a ser presencial. Entonces, de 1500 correos que recibimos la primera vez, primero elegí a los que vivían acá cerca y podían concurrir; después separamos los que escribían por el abuelo, el tío o el amigo y dejamos a los que escribían por sí mismos; y después lo que tenían la lucidez suficiente, porque dado que íbamos a intercambiar cosas pensamos con mi pareja que tenían que ser personas lúcidas. A pesar de eso quedaron una cantidad. Después seleccionamos un poco al azar diez integrantes que son los que hay ahora.
Cada dos semanas, antes del encuentro, Alberto manda por el WhatsApp grupal una consigna o tópico a modo de disparador para la reunión, para que puedan pensarlo con anticipación. Y también algunos enigmas para resolver, desafíos para ejercitar la mente y poner en común.
—Y [en los encuentros] hablamos de nuestras cosas, de cosas serias. Ni jugamos al truco, ni tomamos el té, cada uno dice lo que quiere, a partir de ciertas premisas. Ya hablamos de la gimnasia, de la alimentación, de la relación con el entorno, de la sexualidad, que la gente joven cree que estamos marginados y no es así. Yo lo coordino, no hago ninguna interpretación de nada, simplemente pregunto, opino sobre lo que cuentan los demás y los demás sobre los que cuento yo.
En el último encuentro la propuesta fue contar episodios importantes que cambiaron, de una u otra manera, el rumbo de sus vidas, situaciones, personas o circunstancias que los llevaron a dar un giro inesperado.
Alberto compartió el suyo: cuando él comenzó a trabajar, hace 60 años, era terapeuta de chicos. Dice que siempre había disfrutado de trabajar con ellos y que estaba desbordado de pacientes porque hay —o había entonces— pocos analistas varones dedicados a las niñeces. Hasta que un día un niño de unos 7 años a quien estaba atendiendo le pidió ir al baño. Él atendía en su departamento, en el cuarto piso, y el baño tenía salida a un pequeño patio con una especie de balcón interno. Desde ahí escuchó la amenaza que le congeló la sangre: “Alberto, Alberto, me voy a tirar por el balcón”. Una correntada de sudor frío lo recorrió. No estaba dispuesto a averiguar si se trataba de un juego o si el niño podría en verdad saltar. Ningún libro le había enseñado qué hacer en esa situación y atinó a no responderle, a quedarse mudo, lo que al niño, que seguía con su amenaza, le extrañó. Eso logró que termine por acercarse al sitio donde estaba Alberto, que lo agarró rápidamente de la mano y cerró la puerta con llave.
—A partir de ahí decidí que, aunque me gustaba mucho, no iba a trabajar con chicos nunca más. Y empecé a trabajar con adultos. Eso cambió el sentido de mi vida porque sino a lo mejor yo hubiera seguido siendo terapeuta de chicos.

Hoy, con 97 años, Alberto sigue atendiendo. Antes de esta conversación estaba con pacientes. Ya no lo hace diez horas por día, dice, sino diez horas por semana.
—Dos horas por día, una hora, tres horas. Me llama mucha gente y, a raíz de todo este maremagnum de cosas, me llaman más y yo derivo, no tomo pacientes nuevos. Pero trabajo porque me gusta hacerlo y además obviamente completo mis ingresos no lo hago ad honorem como el grupo, en el grupo no cobro un solo centavo y dedico, dedicamos con Mari, mi pareja, muchas horas a desgrabar las reuniones.
—¿Graban todas las reuniones del grupo?
—Sí, de una manera bastante casera, con mi celular. Yo tengo un iPhone que graba bastante bien. Y obviamente que no desgrabo las sesiones completas porque serían unas ocho o diez páginas, pero hago una síntesis de más o menos 200 a 300 palabras indicando: se habló de esto, se habló de lo otro, de manera tal que cuando yo mando a todos los integrantes la síntesis de la reunión ellos lo puedan hablar con su familia, con sus amigos. Porque no es nada secreto y contribuye enormemente al vínculo de la gente. Porque bueno, vos sabés tan bien como yo que los jóvenes ahora dicen: “Qué tal abuelito; todo bien, todo bien” y se ponen con su celular, con sus cosas. Entonces esto genera un tipo de vínculo que la gente agradece mucho.
Alberto cuenta que en diciembre hicieron “una reunioncita” en el SUM de su casa para despedir el año a la que los miembros del grupo podían invitar a familiares o amigos. “Y vos vieras la gente, estaba tan contenta, pero tan contenta de compartir eso con otros parientes, fue lindísimo”.

Una filosofía de vida
“Cuando tenía 87 años, es decir hace poco, me encontré con alguien por la calle que había conocido cuando yo tenía 14 y él 17, en Mar del Plata. Habíamos estado en un grupo viéndonos todos los días, en la playa, a la tarde. Y luego no lo había visto nunca más —dice Mabel, 92 años, en un video de Instagram—. Pasaron 72 años y de repente me lo cruzo en la calle y lo reconocí instantáneamente. Era un día que yo tenía mucho que hacer, venía de un coro, no tenía tiempo de saludarlo, así que seguí viaje a mi casa. Al día siguiente, caminando por el mismo lugar, lo volví a encontrar. Ahí tuve tiempo y entonces me paré, lo saludé y le dije: “¿Vos sos tal?”, “Sí, yo soy, ¿vos quién sos?”. Y ahí se ingenió para pedirle al nieto, a la hija, que me buscaran, me encontraron en Facebook, me mandaron un mensaje, nos comunicamos por teléfono y resultó la coincidencia que durante 40 años había vivido a una cuadra de mi casa. Parece cosa del destino. Nos empezamos a ver una vez por semana, a salir a caminar por el barrio, al Botánico, al Parque Las Heras, hasta que dos meses más tarde me dijo que me quería. Duró un año porque luego falleció, pero fue muy lindo”.
Mabel dice que no entiende cuando las personas de 50 años que rompieron con sus parejas dicen que el amor para ellos es una etapa cerrada, que están grandes para eso.
“Es que, ¿saben lo que pasa? Es una concepción universal, una concepción abierta. Yo puedo decir que soy ateo pero no dejo de ser judío. Parece una contradicción. Es una cosa interesante porque es una cosa ideológica, si se quiere una concepción social, una concepción divina”, reflexiona Jacobo “Fito” Fiterman (94), en el episodio del podcast que habla sobre ser judío y la religión en general.
“Hola, soy Nélida, tengo 34 años. ¡94!, ¡34 quisiera tenerlos!” —dice a cámara y estalla en una carcajada por el furcio que le brotó con la más absoluta naturalidad. Y va de vuelta—. “Hola, soy Nélida, tengo 94 años y estoy muy feliz con todo lo que he logrado: con mi familia, con mis amigos, que aún me quedan algunos de mi época, de la infancia. Todavía me interesan las cosas. Me gusta ver la tele, me gusta leer, estudiar Italiano me encanta. Estoy muy feliz con toda la familia que tengo, con mis hijas, sobre todo, que se ocupan tanto de mí. No puedo decir más que gracias. Bienvenido a noventa y contando. Escuchá mi episodio, porque por ahí te gusta, y suscribite, dale like y compartí”, —dice y tira un beso con la mano.
Vivir una historia de amor adolescente a los 87; la religión; ejercicios para mantener las articulaciones lubricadas y flexibles; los embarazos deseados y el aborto; son algunos de los temas de los encuentros que luego se vuelcan en el podcast de “Noventa y contando” y en videos es sus redes. Un proyecto que superó con creces las expectativas de Alberto cuando le dijo a su nieta en esa cena que quería conocer personas de su edad para intercambiar experiencias. Cuando quería hacer algo lejos de la terapia, del análisis, que, de otra manera, también les resulta terapéutico.
—De repente me doy cuenta, porque yo no lo sabía cuando inventé esta posibilidad de reunirnos, de que termina siendo terapéutico porque la gente toma cosas de los demás: el que nunca meditó, medita o hace un poco más de gimnasia o lee un viejo libro que leyó hace 70, 80 o 90 años. Hay gente que se puso a escribir cosas que siempre habían pensado, no para publicar sino simplemente para crear, para tener siempre algún proyecto, o estudia un idioma nuevo, o hace algo que nunca había hecho. Entonces en el grupo, cada uno a su manera, va creciendo internamente.

La pregunta es infaltable. Quizás —seguro— un lugar común, pero infaltable. Antes de llegar a esbozarla, Alberto dice:
—Mucha gente me pregunta cuál es “el secreto” que yo tengo para llegar a esta edad como estoy, lúcido y vital. Y yo digo que no es una sola cosa sino muchas. Soy vegetariano, hago gimnasia todos los días, medito con mi pareja, caminamos diariamente cuatro o cinco kilómetros. Pero además de eso hay algo que tuve internalizado desde chico y que creo que me ayudó toda mi vida, en todas las circunstancias, y es un antiguo concepto sefaradí [N. de la R.: se entiende por sefaradí a las personas o prácticas culturales judías que tienen su origen en España, Portugal, el norte de África y partes de Medio Oriente—. Mis padres eran de Damasco y me transmitieron esta idea que se llama Kapará. Que quiere decir algo así como “No te calentés por las cosas porque podrían haber sido peor”. Si uno se cae, tuvo algún inconveniente, le robaron, se lastimó, lo que fuera, uno dice: “Bueno, Kapará”. Que no quiere ser una negación, sino más bien pensar: “Bueno, esto va a pasar”. O “podría haber sido peor”.
Y sigue con un argumento científico o, más bien, mostrando cómo todo, o casi todo, puede manejarse desde la cabeza.
—Entonces lo que produce el estrés, el cortisol, disminuye. Y el estrés es lo que nos deteriora tanto que termina arruinándonos la vida. Todo funciona en un sistema interno de de cortisol, de hormonas y de neurotransmisores que, bajándolos con la meditación o con una idea conceptual interna, te permite seguir adelante. Kapará quiere decir: “Bueno, te pasó esto, la próxima vez vas a tener más cuidado, o lo vas a hacer mejor”, una cosa así; con lo cual uno suspira y puede seguir viviendo.
Con este concepto, asegura, evita martirizarse pensando “por qué me habrá pasado esto a mí”. Así, en sus primeros 97, Alberto solo se pregunta qué misterio de la vida habrá hecho que fuera él el que “apretara el botón rojo” y se volviera, sin imaginarlo, artífice de este grupo que es un disfrute y lo mantiene, como tantas otras cosas, ocupado, joven y feliz.
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Sociedad
La Fórmula fue elegido como Top Podcast 2025 en el ranking Spotify en Argentina
Publicado
12 horas atráson
5 diciembre, 2025Por
Admin
Con 2 millones de descargas mensuales, el programa sobre temas de bienestar producido por Infobae se consolida como referente entre los contenidos digitales on demand
La Fórmula Podcast fue reconocido como uno de los diez programas más escuchados del año en Argentina dentro del ranking de Spotify Wrapped 2025. El programa, producido por Infobae, registra 2 millones de descargas mensuales, lo que lo convierte en un referente entre los espacios digitales on demand dedicados al bienestar.

El anuncio de Spotify Wrapped, emitido ayer a nivel global, incluyó el segmento de podcasts de Argentina. Este ranking, realizado por la propia plataforma de streaming, refleja las preferencias de los usuarios y marca tendencias en el consumo de audio digital bajo demanda en el país.
Qué es Spotify Wrapped
Es la campaña anual lanzada cada diciembre, en la que la plataforma ofrece a sus usuarios un resumen personalizado de su actividad de escucha en los últimos doce meses. El informe muestra estadísticas como los minutos totales de reproducción y los artistas o podcasts favoritos, pero además revela tendencias globales y locales, incluyendo los programas más populares en cada país. Para el segmento de podcasts, el informe destaca los géneros dominantes y los títulos líderes de cada mercado, lo que lo convierte en una referencia clave de la industria del audio digital.
Desde su nacimiento hace dos años, La Fórmula Podcast se distingue por su enfoque en el bienestar integral. El programa —creado y conducido por Milagros Hadad— explora el bienestar físico, mental y emocional, y está dirigido a quienes desean mejorar su calidad de vida y comprender el funcionamiento de la mente humana.
Formada en ciencias sociales en The New School de Nueva York y con estudios complementarios en Boston College, Milagros Hadad integró más adelante el equipo de desarrollo y producción de Dynamo en España, reconocida como una de las productoras más prominentes de Iberoamérica. En sus entrevistas, suele centrarse en cuestiones ligadas al liderazgo y el bienestar y ha dado charlas sobre estos temas en distintos puntos del país.
Hadad contó a Infobae sobre La Fórmula: “El podcast busca hablarles a quienes quieren vivir una mejor calidad de vida, buscan un propósito y entender mejor cómo funciona la mente de los seres humanos y por qué actuamos como actuamos”.
Como se mencionó, actualmente, el programa supera los dos millones de descargas mensuales, lo que lo posiciona entre los espacios de mayor audiencia en el país y lo consagra como un referente dentro del género de bienestar y desarrollo personal.
Figuras reconocidas como Gabriel Rolón, Estanislao Bachrach, Marian Rojas Estapé, Mario Alonso Puig, Daniel López Rosetti, Francis Holway y el cantante Camilo participaron como invitados, aportando conocimiento en superación personal, gestión emocional y reflexión cotidiana.
Gabriel Rolón se sumó como invitado especial en uno de los episodios más escuchados de La Fórmula Podcast, profundizando en temas de emociones y salud mental
Tendencias del consumo de podcasts en 2025
El informe Spotify Wrapped 2025 mostró un crecimiento sostenido en la demanda de contenidos enfocados en bienestar y salud mental. En Argentina, los programas de larga trayectoria y los géneros de actualidad y bienestar encabezaron el ranking, con títulos como “La Cruda”, “Psicología Al Desnudo” y “La Fórmula Podcast” entre los preferidos. Esta tendencia evidencia el interés de la audiencia por formatos que promueven la reflexión y el desarrollo personal, reafirmando el lugar central de estos contenidos en la cultura digital actual.
Sociedad
El fútbol, el lenguaje universal que permite enseñar robótica y tecnología
Publicado
12 horas atráson
5 diciembre, 2025Por
Admin
Joaquín Wolf, líder del proyecto maker de Ticmas, habla de la propuesta que llevaron a la FIL de Guadalajara, donde, con robots futbolistas, acercan el pensamiento STEAM a niños y jóvenes
Guadalajara, México — En el espacio de FIL Niños de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, un grupo de chicos rodea una pequeña cancha de futbol. Miran a un robot que se planta frente al arco, ajusta el ángulo y patea. ¡Gol! Hay gritos, abrazos, festejos. Ahora es el turno del otro equipo. Los chicos miran, predicen movimientos, corrigen trayectorias. El robot patea y… En apenas cinco minutos pasan del juego a la pregunta: ¿cómo funciona esto?

—¿Cómo es la propuesta maker de Ticmas?
—¿Cómo son las actividades que trajeron?
—¿Por qué enfocar las actividades en el fútbol?
—Porque es un lenguaje universal para ellos y porque estamos entrando en vísperas de mundial. El fútbol ya está atravesado por la tecnología: drones que filman desde arriba, cámaras automáticas que siguen la pelota, algoritmos que analizan jugadas, robots que transportan equipamiento. Cuando lo llevamos a ese terreno, entienden enseguida por qué la robótica no es algo del futuro, sino del presente.
—¿Qué observas en la interacción de los chicos con los robots?
—Lo que más me sorprende es cómo pasan del juego al pensamiento científico sin darse cuenta. Antes de mover el robot ya están prediciendo qué va a pasar, ajustando variables, corrigiendo errores. Es pura metodología STEAM: ensayo-error, razonamiento, creatividad, toma de decisiones. Y lo viven con una naturalidad absoluta.

—¿Cuál es el mensaje que quieren transmitir con Mundo Maker?
—La tecnología no es algo lejano ni inaccesible. Que cualquier niño o niña puede programar, inventar, experimentar. Las experiencias maker no buscan que todos sean ingenieros, sino que todos tengan la oportunidad de desarrollar pensamiento crítico y creatividad. Ese es el verdadero valor de STEAM: formar mentes curiosas que se animen a crear.
—¿Cómo funciona Mundo Maker más allá de estas actividades puntuales?
—A través de Mundo Maker, Ticmas brinda las herramientas, los contenidos y el acompañamiento necesarios para implementar un aprendizaje activo, creativo y práctico en las escuelas. Desde las primeras experiencias de exploración hasta proyectos avanzados de robótica, electrónica y programación. Los estudiantes diseñan, crean y experimentan, desarrollando competencias STEAM que los preparan para comprender el mundo y transformarlo con sus propias ideas. Trabajamos con diferentes niveles: exploración, juego y curiosidad para los más pequeños, que descubren el mundo STEAM a través de propuestas lúdicas y experimentales. Para niveles intermedios, propuestas interdisciplinarias y maker que promueven la creatividad, el pensamiento computacional y la resolución de problemas. Y para los más avanzados, experiencias de robótica educativa, programación y electrónica que integran la teoría con la práctica a través de proyectos donde los estudiantes aplican la tecnología para resolver problemas reales.
Sociedad
Los jóvenes mantienen vivo el hábito de la lectura en México
Publicado
12 horas atráson
5 diciembre, 2025Por
Admin
Un reciente informe público se destaca que el grupo de entre 12 y 24 años es el que más asentado tiene el hábito de leer en el país azteca. Además, la lectura digital también tiene gran presencia ya una de cada tres personas asegura leer en ese formato
“En México, ocho de cada diez personas alfabetas de 12 años y más, en 2025, leyeron al menos un libro, revista, periódico, historieta o página de internet, foro o blog”, plantea el documento publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) en su Módulo sobre Lectura (MOLEC).
El informe tiene como objetivo “generar información estadística a nivel nacional sobre el comportamiento lector de la población en el país. El MOLEC explora la lectura de los siguientes materiales: libros, revistas, periódicos, historietas, páginas de Internet, foros o blogs.”

Los jóvenes marcan el ritmo
De acuerdo a lo publicado por INEGI del total de población alfabeta 12 años y más, lo que corresponde a 103.9 millones, los datos señalan que “el 62.5 % leyó libros; 45.7 %, páginas de internet, foros o blogs; 29.6 %, revistas; 24.8 %, periódicos y 20.9 %, historietas, cómics o mangas.”
Con respecto a los otros rangos etarios el porcentaje baja a 85.7 % en el segmento que va entre los 25 y 39 años; siendo de 74.2 % para los 40 a 59 años y en el caso de personas mayores de 60 años solo el 66.8% asegura que mantiene algún tipo de contacto con la lectura.
Por otro lado, “83.5 millones de personas declararon leer redes sociales (Facebook, Whatsapp, X, entre otras); de ellas, 83.8 % leyó también algún otro material MOLEC1 y 16.2 %, solo redes sociales.”

Mapa y evolución de la lectura
Desde el año 2015 el INEGI publica anualmente los resultados del MOLEC con ánimos de realizar un censo lector y obtener estadísticas para decisiones estratégicas.
Hasta el 2024 la información se recolectaba exclusivamente a partir de la población de 18 años y en 32 ciudades (una por entidad federativa) con más de 100 mil o más habitantes.
A partir de la edición de 2025, el Módulo de Lectura extendió el análisis a la población de 12 años y realizó una actualización conceptual y metodológica del informe. La sorpresa fue grata– aunque con algunas críticas a esta nueva apertura etaria y de formatos- al observar que justamente se halló un nuevo pulso lector que permite extender la mirada para comprender los hábitos lectores mexicanos.
¿Es confiable decir que ahora se lee más? ¿O es solo una perspectiva de estadística más amplia?; son algunas de las preguntas que algunos expertos se realizan en cuanto a esta edición 2025.

Leer, esa es la cuestión
“En relación con el motivo de lectura, siete de cada 10 personas lectoras de libros declararon leer libros por gusto y tres de cada 10, por necesidad.”, destaca el informe y agrega: “Respecto al formato, 81.3 % de las y los lectores leyó libros impresos; el porcentaje fue más alto entre las mujeres (85.3 %) que entre los hombres (76.7 %)”
La lectura digital también tiene gran presencia en el país ya que el 33.3 % de la población asegura leer en ese formato. “En cuanto a la forma de adquisición de libros, 38.0 % de las personas lectoras obtuvo el material regalado o prestado. Siguieron la compra de material nuevo (33.0 %) y la descarga gratuita (23.0 %)”, destaca el INEGI.
La lectura de revistas también está presente en un país que supo ser faro histórico en la región por su capacidad editorial. “De la población lectora MOLEC, el 38.8 % de mujeres y 35.8 % de hombres leyeron revistas en los últimos tres meses. Por grupos de edad, 42.8 % de personas de 25 a 39 años se inclinó por este tipo de lectura. Siguieron los grupos de 40 a 59 años (39.2 %) y de 60 años y más (37.6 %)”.
En cuanto a los periódicos “el 27.4 % de las mujeres y 35.8 % de los hombres leyeron alguno la última semana. El 56 % leyó en formato digital y 45.5 % en formato impreso.”. Para este tipo de formato el rango de edad con mayor consumo es el que corresponde a 25 a 39 años con un 37.1 %; siendo también quienes más consumen redes sociales.

Comprensión y fluidez
Otro dato clave sobre la relación de los mexicanos con la lectura indica que “Siete de cada 10 personas lectoras MOLEC afirmaron comprender la mayor parte o la totalidad de lo que leen.”
“En contraste, dos de cada 10 señalaron comprender la mitad y una de cada 10 indicó tener poca comprensión de su lectura. En cuanto a la velocidad de esta, la mayoría de la población lectora se percibió en un rango intermedio, pues casi la mitad de las y los lectores consideró que su ritmo es regular (48.9 %)”, subraya el informe. Y observa: “Al combinar las categorías rápida y medianamente rápida, 37.7 % de las personas lectoras se percibió en este rubro y 13.5 % consideró su lectura como lenta.”
Por último se destaca que “De la población no lectora de materiales MOLEC, 34.6 % declaró que el motivo principal para la no lectura fue por falta de interés, motivación o gusto por la lectura. Siguieron no tener tiempo y problemas de salud, con 32.4 y 16.4 %, respectivamente”.
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